Obsolescencia Programada

Blog. No.5

“Los días grises son días claros, fuera de contexto.”

Albert Espinosa

La mayor parte de la gente piensa que la Revolución Industrial empezó cuando James Watt inventó la máquina a vapor en el siglo XVIII. Realmente la primera patente de una máquina a vapor moderna, la registró el español Jerónimo de Ayanz y Beaumont en 1606, pero el invento original debe reconocérsele a Herón de Alejandría en el siglo I e.c. que la llamó Eolípila. Otros sostienen que, el momento definitivo de la Revolución Industrial, es el invento de la línea de montaje por Henry Ford, pero, los conocedores saben que, la Revolución Industrial, realmente se consolidó el 23 de diciembre de 1924 en Ginebra, Suiza.

En esa víspera de Noche Buena, un grupo de destacados empresarios internacionales se reunieron en Ginebra para una reunión que alteraría el mundo. Allí concurrieron los altos representantes de todos los principales fabricantes de bombillas o focos incandescentes del orbe. En esa reunión estuvieron Philips de los Países Bajos, Osram de Alemania, la Compagnie des Lampes de Francia, Lámparas “Z” de España, la empresa húngara Tungsram, la Associated Electrical Industries de Gran Bretaña, la japonesa Tokyo Electric y la General Electric de Estados Unidos, que estuvo representada por su filial británica, General Electric International y por el Grupo Ultramar, que consistía en sus filiales en Brasil, China y México. En esa reunión se decidieron muchas cosas -incluso varias que hoy serían delictivas- pero lo más importante fue la creación del concepto de la obsolescencia programada, esto es: hacer los productos para que solo duren o sirvan por un tiempo determinado, luego de lo cual el usuario debe desecharlo y comprar otro.

“¿Cuántos psiquiatras se necesitan para cambiar un foco? Uno. Pero el foco tiene que querer cambiar.”

Chistes de focos.

En la ciudad de Livermore en California, Estados Unidos, hay un foco incandescente producido por la empresa Shelby Electric en 1901, que 119 años después ¡sigue encendido! Y sigue encendido porque se fabricó antes del concepto de la obsolescencia programada, por lo tanto, se fabricó para que durara toda la vida y no mil horas como nos han prometido -como la gran cosa- desde 1925 los psiquiatras industriales del cártel de las bombillas.

Pero no hay por qué ensañarse con las bombillas cuando ésta es una práctica universal de la era industrial o capitalista. Hace tan solo un par de años, los usuarios del iPhone 6, empezamos a sentir la frustración de que el celular se ha puesto lentísimo y procedimos -luego de un par de ocasiones en las que consideramos seriamente tirarlo por la ventana- a comprar el iPhone 7 o el 8 -que ya había salido al mercado- puesto que el iPhone 6 “ya no servía”. En una demanda que un grupo de usuarios le puso a Apple un poco después, se señaló que el aparato no tenía ningún problema mayor, si no que, en la última actualización del iOS, Apple había introducido un código informático para hacer que, en cierto nivel de carga de la batería, el móvil se pusiera lento. Apple adujo que lo hizo para que la batería rindiera más pero las víctimas -yo cambié mi iPhone 6- pensamos que lo hizo para vender su nueva generación de iPhones. Esto es obsolescencia postprogramada.

Puedo contar que, después que Apple “reconociera su errory de cambiar la batería del iPhone 6, éste todavía está en uso por mi suegra, que lo heredó de mi hija a quien se lo dí ¡después de haber comprado para mi un iPhone 8 en medio de mi frustración!

Tampoco podemos ser hipócritas y acusar a la gran industria de haber inventado un concepto de producción que obliga a desechar los bienes y a reemplazarlos por unos nuevos, cuando nosotros como sociedad -al menos la occidental- venimos haciendo eso con las personas desde hace varias décadas.

Cuando en el siglo XIX surge la idea del Estado de Bienestar – el Wohlfahrtsstaat de Bismarck o el Wellfare State anglosajón- propio del paso de sociedades agrícolas a industriales, surge la idea de la Seguridad Social. Dentro de estas ideas benignas y revolucionarias, se plantea la jubilación como un momento al final de la vida, en el que se deja de trabajar y se disfruta de una vejez tranquila. Vejez que se establece en sesenta años para una expectativa de vida -de los que llegaban a sesenta- de un par de años más. Sin embargo, tomemos en cuenta que, la esperanza de vida en Europa y América para el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, era de cuarenta a cincuenta años.

Gracias a los avances de la sanidad, la nutrición y la medicina, hoy en día la expectativa de vida -en casi todo el mundo- es de setenta a ochenta años y para las generaciones X y Z se proyectan en noventa a cien años de vida. Los científicos de hoy -que concurren con los sabios de la cábala de hace muchos siglos- aseveran que la obsolescencia programada del ser humano es realmente a los ciento veinte años. Otros más osados, como los de la Singularity University en California, hablan de inmortalidad -aunque se refieren a la inmortalidad de la conciencia y no del cuerpo humano necesariamente- y Yuval Noah Harari se refiere a estas posibilidades también, pero mediante reemplazo de órganos y otros procedimientos tecnológicos, en su obra Homo Deus.

“Morir joven… lo más tarde posible”

Proverbio chino

Producto de los cambios sanitarios y también de la revolución tecnológica, están llegando a la llamada “tercera edad” – mi padre la llamaba “segunda infancia”- personas vigorosas en cuerpo y mente, que, además, manejan tecnología de comunicación con destreza y que, sobre todo, han acumulado experiencia de varias décadas que es muy útil en momentos en que se navega en aguas desconocidas.

En el libro “Blink” (Inteligencia Intuitiva), Malcolm Gladwell narra la experiencia del Museo Getty al comprar una monumental y costosísima escultura egipcia, para la cual construyeron un ala nueva del museo con el fin de exhibirla. Luego de meses de evaluación y negociación, el equipo del museo había adquirido la pieza por once millones de dólares y decidieron invitar al mayor experto mundial en esculturas egipcias de ese período, a mostrarle su adquisición. Hicieron toda una coreografía para llevar al experto al sótano en donde la tenían y en el momento climático quitaron la cubierta de tela con la cual la mantenían oculta. “Ups…es una falsificación” dijo el experto apenas la vio. Los anfitriones primero pensaron que era una broma, luego se enojaron mucho ante la insistencia del experto de que se trataba de una falsificación. Le inquirieron agresivamente que cómo podía decir que era una falsificación y su respuesta fue: “Tan solo lo sé”. Por supuesto que los del Museo Getty no aceptaron ese criterio e invitaron a la segunda mayor experta mundial en el ramo – sin contarle la situación con el experto anterior- y repitieron la ceremonia. Ella preguntó: “¿Y cuánto fue que pagaron por esto?” Le dijeron que once millones y ella solo dijo: “Ouch”. Al preguntarle por el qué del “Ouch” dijo: “Porque es una falsificación.” Finalmente, se hizo una investigación detectivesca que le dió la razón a los expertos. Toda la tesis del libro se trata de situaciones como estas y de cómo y dónde se forja el conocimiento experto.

Ahora que vivimos en una pausa mundial en donde hacemos conciencia de nuestro impacto en el planeta, se fortalece la propuesta de John Elkington de cambiar el análisis del balance de resultados de una empresa, de uno unidimensional a uno tridimensional. Elkington habla de las 3P: Profit, People, Planet o, en español 3G: Ganancias, Gente, Globo. Esta visión, que se volverá principal, nos moverá a rechazar lo desechable -tanto por contaminante como por ineficiente- y a favorecer lo durable o, al menos, lo reciclable.

En momentos en que las empresas e instituciones se están replanteando desde forma de trabajar, hasta su razón de ser, despedir u ofrecerle jubilaciones anticipadas al personal de mayor experiencia es un despropósito y un desperdicio. Por otra parte, no atraer a ese tipo de personal para fortalecer la propia empresa o institución, es también una gran falta de visión, sobre todo si, gracias al teletrabajo y a las nuevas modalidades de empleo que van surgiendo, se puede hacer una combinación de juventud y experiencia con jornadas cortas o medias jornadas, consultorías y otros formatos de contratación, en donde más de una empresa puede aprovechar el conocimiento, la experiencia y el vigor de personas que están en su etapa más productiva, a un costo muy similar al actual. No por nada se dice que los cincuenta son los nuevos treinta y que los sesenta son los nuevos cuarenta.

Cada vez más, vemos cómo, la sociedad y las personas van encontrando soluciones a sus necesidades sin la participación de Estado. La gente le va dando la espalda al Estado y resuelve, a través de Apps y de redes, cosas que antes hubieran requerido a alguna autoridad involucrada. Sin embargo, todavía hay cosas para las que se requiere la autoridad y fuerza del Estado y una de ellas es abolir la obsolescencia programada; práctica que, en el mundo de hoy, debe ser proscrita al igual que lo ha sido el arreglo de precios, la repartición de mercados y otras prácticas que también se llevaron a cabo el 23 de diciembre de 1924 en Ginebra, Suiza.

Pero la abolición de la obsolescencia programada no debe limitarse a los productos, también debe abolirse para con las personas y así sumar las energías, el talento y la pericia de millones de jóvenes de la tercera edad que, en épocas de desconcierto, pueden poner en contexto los días que parecen grises.

Milton Cohen-Henríquez Sasso

10 comentarios sobre “Obsolescencia Programada

  1. Brillante, oportuno e inspirador, sólo puedo decirte querido Milton que coincido en todo contigo y por favor sigas reflexionando, pensando y compartiendo tus pensamientos con nosotros.Un fuerte abrazo desde Sevilla.

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  2. Estimado Milton:
    Brillante y muy elaborado texto que resalta cuatro conceptos clave: excelencia, inteligencia intuitiva, estado de bienestar y obsolescencia programada

    Al inicio de la línea argumental nos remites a Herón de Alejandría. Pues bien, a partir de ahí intentaré suscitar una reflexión sobre la virtud, “Areté”, noción principal para los antiguos griegos, ligada a las “key words” que articulan tu discurso y a nuestra contemporaneidad.

    Areté, es igual a excelencia y esta es el resultado de la “poiesis”, producción. Y la auto-poiesis, es decir la creación del sí mismo, suponía el estado de mayor excelencia que podía alcanzar un ciudadano en la “polis”. Esta auto-creación era un camino basado en el esfuerzo, en el conócete a ti mismo socrático, délfico, que había de perseguir el cultivo de otras tres virtudes concretas, “andreia”, valentía, “sofrosine”, moderación y “dike”, justicia.
    En consecuencia solo el ciudadano (político) excelente, el perfecto y “útil” para la “Polis”, era digno de gobernar porque era el más virtuoso y pertenecía el grupo de los “aristoi”, los mejores.

    Tanto Píndaro, en sus “Olímpicas”, como Aristóteles, en su “Política” y en su “ética a Nicómaco”, aparte de otros muchos sabios, alaban la acción humana lúcida derivada de una voluntad educada que conoce el equilibrio, la armonía y el límite. La “Hybris”, traspasar los bordes, está ampliamente desautorizada en los mitos griegos y en sus tragedias, es una lección que han de aprender los seres humanos para ser ciudadanos perfectos y aceptables. Fue Nietzsche quien subrayó, refiriéndose a la Modernidad, que la actividad de la Sabiduría sin límites era una transgresión (Hybris) y una profanación. Por ello, los griegos marcaron al ser humano una línea fronteriza (Jorismós) que nunca habría de ser traspasada. De ello se encargaba la “Moira” la hilandera de cada vida, el destino personal (Fatum). Píndaro advierte del riesgo que supone traspasar ciertos márgenes. En la “Olímpica III”, dice: (…) “lo que hay más allá, inaccesible es para doctos e indoctos. No le seguiré; necio sería yo” .

    La inteligencia intuitiva, (Noesis) era la portadora de un tipo de saber, hoy perdido. El “conocimiento noético” provenía de lo más íntimo, y se manifestaba cuando se activaba el “ojo” del alma. Por eso en Grecia el sentido de la “visión interior” era muy superior al sentido físico de la vista, porque permitía ver más allá de cualquier sensación externa. El verbo “Noein” significa intuir, pensar con el “Nous” que permite acceder al conocimiento directo e inmediato de las cosas, sin saber por qué. Simplemente “acaece” en un instante (Kairós), no está sujeto a ninguna lógica ni a mediaciones empíricas o sensuales. Platón, en diversos Diálogos, nos recuerda que este conocimiento es el más elevado porque permite captar la Verdad. Los expertos de tu relato, simplemente porque previamente se habían educado en la materia, sin razonamientos previos, en “un coup d´oeil”, detectan la falsedad. Esa es la Inteligencia Intuitiva.

    También en Grecia la sabiduría era un grado de la experiencia y los “siete sabios” fueron grandes maestros cuando alcanzaron su “Akmé”, el uso pleno del conocimiento. Este término se halla vinculado a la Areté. El Akmé no era un atributo de los jóvenes sino de los seniors. Jamás los griegos osaron desechar a sus ancianos sabios reemplazándoles por los jóvenes, porque no era posible insertarles un “código” que determinara su obsolescencia. Como el foco de Livermore, eran sabios toda la vida y la practicidad de su sabiduría servía de guía.

    Pues bien, situémonos, y descendamos desde la Grecia clásica a nuestro presente. En la Comunidad Autónoma española de Castilla-la Mancha, su presidente D. Emiliano García Page, cuando un periodista, el día 18 de este mes de abril, resaltó que el 35% de los fallecidos por el Covid 19 en esta región, una de las más castigadas por la pandemia, eran personas mayores que vivían en residencias (2.200 mayores contagiados y 528 fallecidos en esa fecha. Hoy hay más.) el ínclito prócer muy fresco y dicharachero él, dijo textualmente que en las residencias “no están las personas válidas”….El entrevistador llegó a corregirle, advirtiéndole tímidamente que en todo caso serían “personas dependientes”…

    Con esta triste anécdota en la que el protagonista es un político que nada sabe de “Areté”, resumimos todo tu artículo sobre la “obsolescencia programada”, aplicada a las personas.

    Herón de Alejandría procuraba artefactos útiles que duraran. Euclides diseñó una geometría intemporal y los filósofos tenían muy en cuenta la “paideia”, la educación que habría de hallarse vinculada a la Areté, y que era fundamental para el buen gobierno de la Polis. En esa línea se orientaban los maestros de todas las culturas que “morían jóvenes lo más tarde posible”, porque eran los referentes expertos depositarios de un conocimiento del que se servían todos los ciudadanos. Eran respetados y cuidados con esmero y por ello todavía hoy son inmortales, sin necesidad de que les hayan sustituido los órganos (Y.N.Harari) como hacen los cubanos con las piezas de sus coches viejos.

    Recuerdo a mi “querido profesor”, D. Emilio Lledó, Académico de la Lengua, cuando hubo de abandonar la Universidad porque era “viejo”. Rogaba a sus alumnos que fueran a verle donde estuviera, porque no quería vivir sin ellos. ” El Foco” no quería cambiar, a pesar de los psiquiatras industriales y los funcionarios sometidos a la letra del procedimiento. Sin consideración alguna, D. Emilio hubo de abandonar su pasión: los alumnos, y ellos perdieron un tesoro, una biblioteca viva. Por el contrario, Georg Hans Gadamer,autor de “Verdad y Método” y “La Belleza en la Palabra” y profesor de D. Emilio en Heildelberg, resistió en su cátedra hasta la muerte, bien pasados los 90 …derramando sabiduría. Nuestra España, siempre ha sido más que madre una malvada madrastra, incomprensiblemente amada… Algo que nunca he podido entender…

    Lo que hoy se conoce por el estado de Bienestar, desecha e infantiliza a nuestros mayores. Ha derivado en negocio muy rentable para una clase política carente de Areté. Pero… los ciudadanos no somos inocentes en este despropósito, Insisto en que la tragedia de esta postmodernidad o postverdad, o como se llame, consiste en el abandono y entrega de nuestra libertad a un sistema chupóptero gobernado por miríadas de “tarugos”, de analfabetos políticos, entendiendo la política como la más alta misión a la que puede aspirar un ser humano. Tan profundamente penetra el virus de la avaricia y del poder en nuestras vidas, que disfrazado de ideología “cutre” coloniza las mentes adoctrinadas y jibarizadas, reproduciendo en ellas la toxina letal del resentimiento y la envidia, nunca el deseo de aprender y ser mejores.

    Esperemos que el “bicho” que ha llegado nos espabile y se vaya perfilando la exigencia de una política nueva, la de las tres GGG, lo que supone la recuperación de la Areté, siempre intemporal.

    Hace más de cien años dijo un poeta ( Fernando Pessoa): “Nacemos en plena angustia metafísica, en plena angustia moral, en pleno desasosiego político (…) Heredamos la destrucción y sus resultados”.

    Parece que fuera escrito hoy…pero no, fue con motivo de la primera gran guerra, la de 1.917.

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  3. Gracias Milton, me encanta, muy actual, me siento en mis nuevos treinta y más vigente que nunca, quizás soy un late bloomer, hay habilidades y destrezas que tienen mis hijos que no tengo, pero que en muy breve las aprendo. Miremos las edades de los científicos, premios Nobel, grandes escritores, productores del cine, mandatarios, los Papas y obispos. Espero que el mundo no aprenda tarde cuanto perdieron en desechar las mentes brillantes de la mal llamada tercera edad. Solo veamos los dibujos del anuncio de Panamá Solidario y mira como pintaron a los mayores de sesenta, nadie de esa edad se ve así, así se ven los de ochenta y cuidado noventa, jajaja. A mantener las neuronas activas, a seguir aprendiendo y a resistir la obsolescencia.

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  4. Estimado D. Milton,

    Está muy bien ilustrarse de acontecimientos históricos y llevarlos a la actualidad, para tener, cada vez, una mejor perspectiva de lo que estamos viviendo. Y en este pedazo de escrito, es lo que percibo, con el tema que has desarrollado.

    Mientras leo, suelo buscar las referencias en el PC para ampliar lo que se escribe y me ha gustado. Además, ya tengo dos referencias que seguro leeré para saber un poquito más, la de Gladwell y Elkington.

    Como siempre, muy interesante lo que escribe D. Milton.

    Saludos cordiales,

    Héctor

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  5. Buenísimo!
    Creo que la vida útil laboral de una persona a partir del 2008 fue reducida a los 50/60 años. Todo por evitar el pago de jubilaciones de las multinacionales a sus empleados con más experiencia, lo cual implicaba también, más años de antigüedad.
    Considero que esos artefactos fabricados antes del concepto de la obsolescencia programada como el foco de Shelby Electric, son comparables a los contratos que se firmaban anteriormente en empresas los cuales ofrecían innumerables beneficios y prestaciones, invitando a los empleados a crear un compromiso y fidelidad con la empresa. Ahora, los contratos laborales también fueron víctimas de la obsolescencia programada, reduciendo el periodo de productividad laboral de las personas, algo así como “trabajadores desechables”.

    Gracias por compartir!
    MFDR 🙂

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  6. Señor Embajador:
    Muchas gracias por este último escrito. Yo soy de los que luchan contra la obsolescencia tecnológica. Uso los iPhones hasta que un día simplemente no encienden más; y ahora con la tecnología de las “nubes”, mantengo una dieta de almacenamiento de información muy balanceada 🙂

    Hace algunos días -creo que con mi madre- comentaba que a yo aspiro que a los 55 años pueda dejar todo tipo de actividad no relacionada con la academia, y dedicarme al 100% a la enseñanza e investigación, y que no espero menos que morir con la tiza sobre el pizarrón (¿acaso existirán en ese momento?). Y es que me resisto a pensar que tenga que someterme a una “jubilación programada”.

    El Covid19 nos obliga a replantearnos el presente para prepararnos para el futuro inmediato.

    Saludes.

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  7. Gracias Bro. Excelente. ¡Qué talento!

    El único truco para vender más no es sólo la obsolescencia planificada. ¿Sabías que el mismo efecto hace un Alka Seltzer que dos? Pero todo el mundo te discute que necesitas dos. Y la razón es que cuando tiraron dos en un vaso al momento de hacer la grabación de la cuña, para que hiciera más efervescencia, se dieron cuenta que dos no hacía daño a la salud, así que los tiraron más despacio, para que todos pensaran que tenían que tomar dos.

    En cuanto a las personas, te confieso que me siento obsoleta. No le entiendo a la gente lo que escribe, la temperatura normal del cuerpo tiene otros parámetros y cuando utilizas los pasos de cebra, te insultan desde un carro.

    Ahora bien; no estoy de acuerdo en prohibir la OP, sino en educar a la gente para que mantenga los productos el mayor tiempo posible. El mercado se encargará de hacer lo demás.

    Al igual que tu suegra, yo heredo muchas cosas. Ni siquiera sé qué modelo es mi celular. El de PTY era de Alberto, mi marido y el de Rott de Alejandro (es más pifioso). Sé que ambos son Apple, porque tienen la manzanita atrás. No sabría decirte si son lentos o rápidos, ni me interesa saber; total yo soy más lenta que ellos.

    Un abrazo,

    PS: Hace unos meses, modifiqué mis voluntades anticipadas y te tengo a ti para que hables en mi funeral, escrito y notariado. Va a ser un almuerzo o “happy hour”.

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