La humanidad, el mundo y la entropía.

Blog No.6

“Amo a la humanidad. Es la gente la que no soporto.”

Charles Schulz (Peanuts).

En el siglo 1 de la e.c. vivieron dos rabinos en Judá que eran igualmente respetados: el rabino Shamai y el rabino Hilel. El primero era muy serio y estricto y el segundo era muy humano y cálido. Cuenta la tradición que un gentil de la Galilea se acercó al rabino Shamai y le dijo: “¿Puedes resumirme tu religión parado en un solo pie?” Shamai se sintió insultado por semejante proposición y lo mandó lejos. El mismo hombre fue luego donde el rabino Hilel y le hizo la misma pregunta. Hilel, sonrió, levantó una pierna y le dijo: “No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a tí. El resto es solo comentario. Ve y estudia.”

En todas las tradiciones religiosas hay frases como esa que son el súmmum de las enseñanzas humanistas de la religión. “Ama a tu prójimo como a tí mismo.” ”Ninguno de ustedes cree verdaderamente, hasta que quieran para otros lo que desean para ustedes mismos.” “La benevolencia máxima consiste en no hacer a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.” “Uno debe tratar a todas las criaturas en el mundo como a uno le gustaría ser tratado.” Así dicen el judaísmo, el cristianismo, el islamismo, el confucianismo, el jainismo y prácticamente todas las grandes religiones. Es interesante que la palabra religión -del latín religio– significa “lo que liga fuertemente”. La religión es pues un sistema para vincular intensamente a la persona con su prójimo. La relación con Dios se establece mediante la fe.

Para los seguidores de las religiones abrahámicas, será interesante conocer que, los Diez Mandamientos empiezan -en su original en hebreo- con la palabra “Yo” (“Yo soy Dios, tu Dios el que te sacó de Egipto…”) y terminan con la palabra “Prójimo” (“No codiciarás los siervos, los animales ni cualquier otra cosa de tu prójimo.”) o sea que el propósito de la religión es llevarnos del yo al prójimo. Su meta es hacernos comprender la unicidad de la humanidad.

Una de las grandes conquistas de la Democracia Liberal ha sido la Libertad de culto; mejor definida como: Libertad de conciencia -ya que esta acepción incluye a los no creyentes y también a los creyentes que no siguen una religión particular- esta libertad pone en pie de igualdad a todas las religiones (con alguna limitación a los mores o costumbres morales de la sociedad en la que se vive) y ayuda a comprender que, la igualdad, debe ser entendida no como uniformidad, sino como el “igual derecho a ser diferentes”. Pero ese derecho a la diferencia no nos da derecho a la indiferencia.

“¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”

Caín

Si hay una enseñanza universal de la pandemia que vivimos, es esta: “Somos guardianes de nuestros hermanos”, si no amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, tampoco nos amamos a nosotros mismos. Somos corresponsables de la salud da cada persona, porque su salud es mi salud. Comprendemos también el daño que le hemos hecho a nuestro planeta con conductas tóxicas, porque ahora vemos cómo nos hemos intoxicado. No podemos pues, continuar como sociedades cainitas que causan la muerte y luego se comportan con indiferencia ante la suerte de los demás y del mundo.

Para quien no ha comprendiendo que su deber es ir del yo al prójimo por amor, la pandemia le hará entender que su prójimo irá donde él o ella por contagio.

Salvo algunas escuelas filosóficas existencialistas o nihilistas, todos -creyentes y científicos- comprendemos la Creación, el Universo, a Gaia, el Ecosistema -y otras denominaciones para el mundo que habitamos- como un sistema integral del cual formamos parte y que se conduce bajo una serie de leyes o normas (aunque una de ellas sea la de la entropía o búsqueda del equilibrio en una tendencia al caos). En esta creación de la fe o en este universo de la ciencia, hemos visto al ser humano como el principal responsable de su conservación; pero, cada vez comprendemos mejor que, la debe ayudar a conservar no porque la pueda destruir, sino porque -de no hacerlo- puede ser destruido por ésta.

Hace unos días, Angela Merkel, Canciller de Alemania y Científica en Jefe del mundo occidental, llamó a una “reconstrucción verde tras la crisis del Coronavirus”, esto implica la conjunción de la economía con la ecología y señala su comprensión de que no solo somos guardianes de nuestros hermanos, sino que lo somos también de la creación. Todos debemos hacernos eco de este llamado y entrar juntos en una era colaborativa en donde economía y ecología se comprendan como un ecosistema.

“No aprendieron nada; ni olvidaron nada”

Talleyrand (Sobre los nobles de la restauración francesa).

A diferencia de una devastación bélica, en donde las infraestructuras son destruidas y luego hay que remover escombros para construir lo nuevo, esta pandemia ha dejado los activos físicos casi indemnes. Esto puede hacer más difícil una reconstrucción verde ya que los instrumentos del viejo (des)orden están intactos y la tentación egoísta y cainita será la de volver al Ancien régime.

Es un hecho que los eventos que hemos vivido en estos meses solo suceden cada tantas generaciones, y también lo es, que acostumbran a producir -en no mucho tiempo- cambios profundos en las sociedades; pero no todos son necesariamente benignos. Así como después de la Peste negra vino el Renacimiento; después de la -mal llamada- Gripe española tomaron fuerza las dictaduras fascistas y comunistas.

Por amor al prójimo -los que hayan comprendido- o por egoísmo -los que no- tenemos el deber de aprender la lección que nos ha traído la pandemia y prepararnos para reconstruir nuestras vidas. Pero no como los nobles a los que se refirió Talleyrand, ni con la negación de Caín o la hipocresía que denunció Schulz, sino con la claridad con la que ahora se ven las aguas y los cielos, de que el mundo que surja debe ser más humano, más solidario, más justo y más equilibrado. ¿No fue ese el plan desde el principio?

Milton Cohen-Henríquez Sasso

12 comentarios sobre “La humanidad, el mundo y la entropía.

  1. Muy prolífico artículo, Milton. En él se subrayan los tres tópicos que dieron lugar a la filosofía en Grecia: Dios, Mundo y Ser Humano. Estos tres hitos del pensamiento giran en torno a un eje: la Empatía, o Simpatía, que nutre los Diez Mandamientos y, como muy bien observas, comienzan por el Yo para terminar en el prójimo, el “Otro”.

    Cuando tratamos de racionalizar el Mundo, descubrimos leyes, cuando escudriñamos nuestras profundidades se puede comprobar que, tal como sostiene un “hadiz” atribuido al profeta Muhammad, “quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor”, y es precisamente en el “viaje” hacia ese Conocimiento cuando nuestro insignificante “yo” se revela como un receptáculo donde anida la semilla de la Unidad, el “Self”, en términos junguianos. Ese Yo Supremo, Abarcante, con mayúsculas, implica la idea de una Fuerza que eclosiona en diversidad, en descomunal creación, que no es sino Re-recreación de “Un Tesoro escondido ansiando manifestarse”, que se observa a Sí Mismo a través de los ojos de sus criaturas. Entre ellas hay una muy singular: la que piensa y pretende aherrojar al Self dentro de sus leyes lógicas y causales, cuando El Eterno gusta de la ocultación, “Lethe”, y justamente se hace presencia, precisamente porque es ausencia y anhelo en nuestros corazones. Esa nostalgia indefinida, esa Saudade, es en sí misma una llamada a la Relación, “Religare”, con nuestro Creador.

    Son tres las esferas en el mundo de las relaciones: La vida con la naturaleza, con los seres humanos y con los seres espirituales. En cada uno de esos planos se divisa una incompletud atractiva, “religante”: la orla del Ser Eterno que es Divina Tiniebla ( Dionisio Areopagita) vislumbrada y nunca alcanzada. El acercamiento se favorece mediante la “máxima pobreza” del yo: Nada saber, Nada querer, Nada tener (Maestro Eckhart, “De Pauperis”), es decir anulando nuestro ego. “Anihilándose”, dice S. Juan de la Cruz: “Para venir a gustarlo todo,/no quieras tener gusto en nada./Para venir a saberlo todo,/no quieras saber algo en nada./Para venir a poseerlo todo,/no quieras poseer algo en nada./Para venir a serlo todo,/ no quieras ser algo en nada”. Ese es el paso previo a la compasión que es Amor.

    La empatía, del griego “empathos”, supone “escuchar de forma activa”, no sólo al humano que nos interpela, sino a la totalidad de los seres. Levinas hace referencia a ese “rostro” que nos obliga a salir de nosotros e implica compromiso, sustrayéndonos de nuestra miserable y reducida historia de supervivencia, en tanto nos reclama y hace emerger un plano ontológico en el que opera ese “Pathos” que es, a la vez, amor, sufrimiento, experiencia compartida y ansia de trascendencia.

    Martin Buber, en su obra “Yo y Tú”, hace mención a un par de palabras básicas: Yo-Tú. Estas palabras fundan un modo de existencia en reciprocidad y “han de pronunciarse con todo el ser”. Para Buber el “yo” no tiene sentido sin el “tú”. Es, precisamente, esa afección hacia el otro y los otros la que nos conduce a través del aparente caos hacia la Unidad que promueve “el enlace de las diferencias” (Teresa Oñate). Ese deseo de encuentro es el impulso promovido por Eros, el daimon platónico, tan bien descrito en el diálogo “El Banquete”, guía para el camino que conduce a la Belleza en sí, que es el Bien en sí, reflejado en la creación, en los cuerpos hermosos, en las almas bellas, en los pensamientos bellos.

    Proclo, (S. V) filósofo neoplatónico de la escuela de Atenas, nos recuerda en la “Oración del Girasol”, que todos los seres alaban de alguna manera a su Hacedor. S. Juan de la Cruz, en el ” Cántico Espiritual” nos sugiere que es a través de las criaturas, rastro del paso de Dios, como podemos conocer al Creador. Se trata de atisbar lo invisible a través de lo visible: “Oh bosques y espesuras plantadas por mano del Amado, Oh prado de verduras!, de flores esmaltado…”. (Ge 1,31): “Miró Dios todas las cosas y eran buenas”. En todas las criaturas hay una sabiduría sosegada, también en las inferiores dice S. Juan de la Cruz y cada una de ellas engrandece a Dios…, Nos habla el carmelita descalzo, como Ibn Arabí, de semejanza e incomparabilidad, de Unidad de los amantes ( el alma y Lo Divino) y de diferencia. En definitiva, nuestros sabios, como la física contemporánea resaltan la idea del misterioso “entrelazamiento” universal.

    Según Hesíodo, en su “Teogonía”, el Caos fue preexistente a todos los dioses y a la creación del universo. Del Caos surgió Gea (la Tierra), Tártaro (el Infierno) y Eros (el Deseo que trae la vida). Palabras mítico poéticas para hacer referencia, a lo que dos mil setecientos años después, fue conocido como el segundo principio de la termodinámica que da una definición precisa de la Entropía, en cierto sentido del Caos, del que surge toda ordenación y equilibrio.

    Una estructura disipativa dista mucho de una posición de equilibrio (Ylia Prigogine) y, en un punto de bifurcación cualquiera, se subvierte toda determinación y linealidad. Caos y Azar son nuestros compañeros de viaje…Toda previsión es una ilusión en nuestro universo. Manda lo pequeño invisible, las variables ocultas, las intersecciones, las encrucijadas, las mutaciones inapreciables….y ¡¡¡¡¡nosotros planificando la vida….!!!!!!!!!
    ¿ No somos acaso caóticos? ¿No se asemeja lo Indecible al puro Caos generador de orden?
    ¿ No será que pretendemos aplicar nuestros preceptos al Caos que tiende por sí mismo a la auto-regulación y al equilibrio?

    También esa “criatura extraña”, “el bicho” cuya estructura y origen trae de cabeza a los más insignes científicos y que ha puesto en evidencia la estulticia de muchos gobernantes, viene a recordarnos, como bien dices, la necesidad de cuidado del “Otro” en toda su extensión…..Quizás sea un mensajero invisible destinado a impulsar otra forma de amar y mirar nuestros planos relacionales. Quizás nos haga más exigentes y pro-activos. Quizás esa “democracia colaborativa” de la que hablas haya de ser también deliberativa. Cabe una enseñanza: No se deben dar, en lo sucesivo, cheques en blanco a quienes se empeñan en dirigir la Vida sin Conocimiento. Hemos de estar atentos…..

    Parecieran escritas hoy estas reflexiones de Martin Buber: “La enfermedad, de nuestra época no se iguala a la de ninguna, pero se emparenta con las enfermedades de todas las épocas(…) porque donde está el peligro crece también lo que salva”…

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  2. ¿El Amor?, casi se me había olvidado que existía. La imagen ( y su culto), el poder, el estatus, y lo que se hace por conseguirlo, la carrera frenética por ascender en la escala social y económica,etc., el sexo idealizado,( humo al fin, vacuidad), una sociedad de “usar y tirar” para mantener la noria sin fin productiva, para más consumir y más devastar nuestra alma y la Naturaleza ¿dejaron espacio?¿cabe el Amor?.
    Me ha maravillado escuchar hablar de amor al prójimo, de apostar por productos duraraderos, por acciones duraderas, por amigos duraderos, por un mundo sostenible con respeto y sentido de saber a dónde vamos y adónde queremos ir.
    Ojalá querido Milton, ahora que nos vemos tan frenados, desconcertados y privados de tantas cosas, volvamos a ser “humanos de verdad”, conscientes de pertenecer a un ecosistema que busca y debe permanecer en equilibrio, y de que sólo preocupándonos y amando a los otros seres humanos y la naturaleza, tendremos la opción de perdurar. ¡Ojalá seamos capaces de dar cabida, en nuestras vidas y en nuestro mundo al Amor!.
    Abrazo fuerte desde Sevilla..

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  3. Mi prójimo es mi hermano
    es otro ser humano igual que yo y a su vez es mi mejor maestro
    y yo de él también lo soy. Cuando aprendamos ésto todo cambiará. Eso es lo que significa para mí vivir en Humanidad.
    Saludos Marisol Chévez.

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  4. Milton..
    hoy es uno de esos dias en que se siente un gran vacio….doloroso…como que no se puede comprender tantos contenidos toxicos que nos imundan..
    pero inicie la lectura de tu escrito y me fue inundando una paz con sentimientos de certeza …
    que al otro lado de mi Yo toxico…hay un projimo que nos hace viajar a una propuesta…que surja un mundo mas humano…mas juto…mas humano…
    gracias
    Venus

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  5. Creo que el ser humano ya no cree en el prójimo y de hecho creo que no cree ni en sí mismo, ya que ha visto más maldad y egoísmo por parte de administradores de países (incluyendo el nuestro 🇵🇦), iglesias, entre tantos otros, que algunos hemos perdido esa fe de ayudar a nuestro prójimo, a fin de evitar ser contagiados por un virus más fuerte que el Covid19, que es la corrupción y la maldad; en mi caso me gustaría leer nuevas teorías a fin de rescatar ese sentimiento de poder encontrarme a mí misma y no temerle a mi prójimo.

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  6. Estimado D. Milton,

    Este escrito me ha gustado, como todos los demás, que versa en muchas partes con el enfoque humanista, si se me permite decirlo, orientación con la que siempre me he identificado. Y es claro que tenemos un compromiso ineludible para nosotros mismos y, al mismo tiempo, con los demás, para que el mundo inicie un camino del bienestar para todos, en donde no solo se contemplan a los humanos, sino también, a todo ser vivo con el compartimos nuestras vidas.

    Héctor

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  7. Muy cierto tu escrito!! Muy atinado en este momento!! Estamos desnudos, somos iguales, momento de reflexión y de afianzar el amor familiar, el cariño entre los amigos que nos cuidamos unos a otros, seremos mejores personas de ahora… en adelante!!.

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  8. QH Brillante escrito, una de las cosas buenas de la Pandemia es que, como en buen Panameño decimos, que aquí los políticos, las empresas y la gente sacaron el cobre. Nuestra próxima cruzada debe ser contra el capitalismo salvaje y la ignorancia y reforzar la calidad y cantidad de nuestra clase media. Cuando Panamá necesitó un pueblo culto no lo tuvo!

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